Un Estado que se dedica a destruir las relaciones
de trabajo, como medio para debilitar a la empresa privada y luego tomarla por
asalto, que se encuentra confeso en estas intenciones al declarar públimente
que la existencia de la empresa privada es contraria a los intereses de la
Revolución Bolivariana, utiliza entes como la Unidad de Supervisión del MPPTSS
y el INPSASEL, como bombarderos de conflictividad laboral, los introduce en las
empresas bajo la excusa de la fiscalización, para que estos remuevan de las
entrañas de la psiquis de los trabajadores el impulso de la confrontación y la
discordia contra las empresas en las que obtienen su sustento, convirtiendo
sanas relaciones productivas en antros de explotación del burgués capitalista sobre el desvalido camarada. Como
consecuencia Venezuela se ha convertido en el país más rico, con la población
más pobre y miserable del planeta.
Básicamente este artículo tiene la intención
dirigir la reflexión sobre la triste y vergonzosa misión que cumplen los miembros
de las unidades de supervisión de las Inspectorías del Trabajo del MPPTSS, quienes
se convirtieron en una suerte de sicarios, con la misión de destruir las
relaciones de trabajo y minar la empresa privada nacional de conflictividad, y
aún después de 17 años de destructiva revolución, con una infraestructura
empresarial destruida, con un pueblo muriendo de hambre, continúan fieles al
discurso de confrontación de clases, visitando empresas y promoviendo la
discordia, convirtiendo espacios de convivencia productiva, en desolados
territorios de confrontación, improductividad y desempleo. Triste misión la de
estos compatriotas, que tal vez por necesidad de un sustento, o por lealtad a
una ideología, no reconocen, o no les importa, el grave daño que le están
causando a la nación, son corresposables de la emigración de más de 4.000.000
de compatriotas, que han salido del país huyendo del hambre y el conflicto
causados por esta Revolución Bolivariana, y los más terrible de esta actitud
insana y destructiva, es que se sienten orgullosos de la misión cumplida. Cabe
preguntarnos que les hizo Venezuela a estas personas para recibir tanto odio
como pago por haberlos parido, educado y alimentado, gracias a la inmensa
riqueza petrolera que tenemos, que en vez de intentar construir nuevas y
mejores formas de producción y enriquecimiento de la calidad de vida y del
progreso, se dediquen con tanta saña a destruir las relaciones sociales, y los
medios de producción.
Los supervisores del trabajo, utilizan su autoridad
para ingresar a los lugares de trabajo, interrogan a los trabajadores, y si no obtienen disconformidades,
repreguntan e instigan, la idea es encontrar debilidades que puedan ser
utilizadas como fuentes de conflicto, utilizan a los trabajadores más
vulnerables a estas tentaciones, los de menos formación, los de menos valores
sociales, generan la mayor cantidad de ordenamientos, sin oír explicaciones,
sin verificar señalamientos, elaboran su informe, lo hacen público en el
establecimiento, y salen corriendo, dejando tras de sí un terreno minado para
el entendimiento y la productividad.
Estas actitudes no dejan espacio para la
negociación, su único objetivo es destruir, no hay una posibilidad
integradora, no es posible la cooperación, la iniciativa privada debe desaparecer
a cualquier costo, nos persiguen, discriminan, coaccionan, amenazan, y
finalmente nos obligaran a salir del país o nos freirán en aceite caliente, ¡ eso es desplazamiento forzado señores!, por
eso nuestros vecinos están abarrotados de refugiados, y el mundo observa con
una cómplice tolerancia.
Un Abogado Laboralista, Gestor de Relaciones de Trabajo.
