viernes, 22 de diciembre de 2017

Unidades de Supervisión de Inspectorías del Trabajo

Un Estado que se dedica a destruir las relaciones de trabajo, como medio para debilitar a la empresa privada y luego tomarla por asalto, que se encuentra confeso en estas intenciones al declarar públi­mente que la existencia de la empresa privada es contraria a los intereses de la Revolución Bolivariana, utiliza entes como la Unidad de Supervisión del MPPTSS y el INPSASEL, como bombarderos de conflictividad laboral, los introduce en las empresas bajo la excusa de la fiscalización, para que estos remuevan de las entrañas de la psiquis de los trabajadores el impulso de la confrontación y la discordia contra las empresas en las que obtienen su sustento, convirtiendo sanas relaciones productivas en antros de ex­plotación del burgués capitalista sobre el desvalido camarada. Como consecuencia Venezuela se ha converti­do en el país más rico, con la población más pobre y miserable del planeta.
Básicamente este artículo tiene la intención dirigir la reflexión sobre la triste y vergonzosa misión que cumplen los miembros de las unidades de supervisión de las Inspectorías del Trabajo del MPPTSS, quie­nes se convirtieron en una suerte de sicarios, con la misión de destruir las relaciones de trabajo y minar la empresa privada nacional de conflictividad, y aún después de 17 años de destructiva revolución, con una infraestructura empresarial destruida, con un pueblo muriendo de hambre, continúan fieles al discurso de confrontación de clases, visitando empresas y promoviendo la discordia, convirtiendo espacios de convivencia productiva, en desolados territorios de confrontación, improductividad y desempleo. Triste misión la de estos compatriotas, que tal vez por necesidad de un sustento, o por lealtad a una ideología, no reconocen, o no les importa, el grave daño que le están causando a la nación, son corresposables de la emigración de más de 4.000.000 de compatriotas, que han salido del país huyendo del hambre y el conflicto causados por esta Revolución Bolivariana, y los más terrible de esta actitud insana y destructiva, es que se sienten orgullosos de la misión cumplida. Cabe preguntarnos que les hizo Vene­zuela a estas personas para recibir tanto odio como pago por haberlos parido, educado y alimentado, gracias a la inmensa riqueza petrolera que tenemos, que en vez de intentar construir nuevas y mejores formas de producción y enriquecimiento de la calidad de vida y del progreso, se dediquen con tanta sa­ña a destruir las relaciones sociales, y los medios de producción.
Los supervisores del trabajo, utilizan su autoridad para ingresar a los lugares de trabajo, interrogan a los trabajadores, y si no obtienen disconformidades, repreguntan e instigan, la idea es encontrar debilidades que puedan ser utilizadas como fuentes de conflicto, utilizan a los trabajadores más vulnerables a estas tentaciones, los de menos formación, los de menos valores sociales, generan la mayor cantidad de or­denamientos, sin oír explicaciones, sin verificar señalamientos, elaboran su informe, lo hacen público en el establecimiento, y salen corriendo, dejando tras de sí un terreno minado para el entendimiento y la productividad.
Estas actitudes no dejan espacio para la negociación, su único objetivo es destruir, no hay una posibili­dad integradora, no es posible la cooperación, la iniciativa privada debe desaparecer a cualquier costo, nos persiguen, discriminan, coaccionan, amenazan, y finalmente nos obligaran a salir del país o nos frei­rán en aceite caliente, ¡ eso es desplazamiento forzado señores!, por eso nuestros vecinos están abarro­tados de refugiados, y el mundo observa con una cómplice tolerancia.

Un Abogado Laboralista, Gestor de Relaciones de Trabajo.